Esta mañana ha sido una novedad desde hace mucho tiempo para mi. Un sábado en el que he medio madrugado y me he ido a dar un paseo por la ciudad. Lo dicho: una novedad.
Y andando por el centro -vagando sin un destino concreto- acabé delante de las Catedrales, como tantas otras veces. Sólo que esta vez decidí dar el paso y hacerles una visita como se merecen.
Ierónimus es la perfecta excusa para llegar a esos rincones que nos dan otras perpectivas de la Torre del Gallo, de los coros, de las torres de las catedrales, de las arquivoltas, del cimborrio, de las columnas, etc.
Es increible pasearse por el pasillo superior del interior de la Catedral Nueva y verla de esa manera. 2,50€ no es precio para todo lo que se disfruta. No diré más, sólo mirad lo que tantos salmantinos se pierden (consciente o inconscientemente) y tienen a un tiro de piedra (bueno, a un pedazo de tiro de piedra).


