La maldición de las vacaciones

No se por qué, pero es un hecho.

Que se acerquen las vacaciones solo me supone un periodo de stress superior a la media antes y después de las mismas (esto es un axioma en mi puesto de trabajo actual).

Hay que dejar todo cerrado y preveer las entradas de trabajo para después de la vuelta. Eso supone no poder dejar apenas cabos sueltos y atar algunos de los futuros. Se que no soy imprescindible, que a medio plazo “casi cualquier” persona podría realizar las mismas funciones que yo, pero a corto plazo SI que resulto imprescindible. Son demasiados asuntos de los que es muy complicado transmitir tanto los know-how como la información particular de cada uno, además de la natural desconfianza de los clientes con
gestores nuevos.

Empiezo las vacaciones este jueves que viene (13/04/06) y las termino el próximo día 2 de mayo. Eso hacen 19 días. En ese periodo acaba una campaña (PAC) que llevo casi en exclusiva yo, por lo que me toca rematarla en estos días, y comienza otra (Renta 2005) que también llevo casi yo sólo (me encontraré pilas de papeles que hay que gestionar a la vez que entran nuevos). El trabajo propio de la oficina, no sujeto a fechas límite “oficiales”, tendrá que esperar lo que le toque y aparte está la
propia labor administrativa y comercial, que esa no debe parar nunca.

En total estas vacaciones me habrán supuesto quebraderos de cabeza y prisas durante el mes anterior y previsión de mucho trabajo hasta por lo menos un mes después.

Haciendo balance: para “disfrutar” de 19 días de desconexión he tenido que comerme el coco desde el 15 de marzo hasta primeros de junio, aparte del esfuerzo diario (vamos, que en la oficina no practicamos el “ni palo al agua” aunque no haya campañas vigentes).

Aun así: ¡Benditas Vacaciones! y tened por seguro que en esos días me voy a olvidar de la oficina, de las historias, de los problemas, de los clientes, de los jefes, de los compañeros…