dispérsense…

Sombrillas en Baldaio

Tarde de playa.
Playas inmensas y semidesiertas, no como las que vemos en rellenos de los telediarios veraniegos.
El mar estaba bravo, y yo no me sentía con la valentía de ser el único al que iba a tener que sacar el socorrista del agua, así que mi entretenimiento solitario se redujo a un largo paseo (3 kilómetros para allá y otros 3 para acá) por la orilla.
La diversión, la de siempre, coger alguna concha, algunas piedras – que no se porqué pero siempre son más bonitas mientras las moja el mar-, e investigar a los pequeños bichos que arrojan las olas a nuestros pies.
Todo esto en un paisaje “casi” vírgen. Un par de aldeas que podrían ser bucólicas y se han quedado en más ejemplos del tan nombrado feismo gallego, algunas carreteras que no llegan a secundarias y el resto era marisma, dunas, arena, olas y sol.
Casi resultaba chocante que al final de un par de kilómetros de paseo casi solitario me encontrase un mar de sombrillas. Todas juntas como un rebaño de ovejas en medio del campo buscando el fresco y la sombra que se dan unas a otras.
Inexplicable.

playa de baldaio
Esta es la playa de Baldaio. Localización en Google Maps. Así suele estar siempre, y así estaba casi toda ella hoy (no saqué foto de la marea de sombrillas al final). Afortunadamente la proporción era de más o menos 1/20 de la playa con la marabunta apilada.


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